Ben Rhodes y la desconfianza

El presidente de EE.UU. Barack Obama junto a su asesor Ben Rhodes. Foto tomada en mayo de 2012 por Pete Souza a bordo del Air Force One.

El discurso pronunciado por Barack Obama en La Habana es uno de los diez más importantes de su presidencia, según el blog oficial de la Casa Blanca en Medium. Escrito por Ben Rhodes, negociador y asesor presidencial encargado de los temas de Cuba, el mensaje leído al pueblo cubano desde el interior del Gran Teatro de La Habana demuestra todo lo positivo en política exterior que tiene el acercamiento, así como el despiste optimista en política económica y empoderamiento popular.

En una extraña dualidad, es a Ben Rhodes a quien debemos agradecerle, en la parte que le toca, la esperanza y los beneficios concretos de la normalización, el boom turístico en la isla más grande del Caribe y las incógnitas a descubrir más allá de una puerta entreabierta cuando todavía no las hemos atravesado.

Pero ¿habrá que culparlo por no haber ido más lejos? ¿Solo a él?¿Una asesoría más realista de su parte hubiese evitado una serie de insultos y propuestas poco serias al gobierno de Raúl Castro? ¿Nos hubiera ahorrado en Cuba las sospechas de subversión vía poder blando y de guerra cultural? ¿Cuánto habría avanzado la actualización de su modelo, si la exaltación de la empresa estatal socialista no se hubiese convertido en una necesidad ideológica, ante la propaganda poco informada acerca del rol real del cuentapropismo, que vino del interior del Departamento de Estado y la Casa Blanca?

Si Ben Rhodes pretendía una apertura en algún sentido dentro de Cuba, el discurso escrito por él solo sirvió para, en un tiempo récord de veinticuatro horas, empujar de la periferia hacia la primera línea política a todos aquellos que veían la normalización con Estados Unidos como una amenaza fuera de control.

Parte de la mala saña que el anteproyecto de Administración Trump destila hacia la política exterior de Obama tiene en la juventud de Rhodes uno de sus objetivos favoritos. “La mayor parte del equipo entrante de Trump tiene al tomar sus nuevos trabajos, tres o cuatro o incluso cinco veces más experiencia de peso en seguridad nacional que, digamos, la que tiene el asesor suplente de seguridad nacional de Obama, Ben Rhodes, al dejarlo” escribió en The Washington Post el host radial conservador Hugh Hewitt.

Rhodes personalmente no ve su inexperiencia como un problema, y así se lo comentó al periodista Jon Lee Anderson  cuando describió las primeras negociaciones secretas con los cubanos en un reportaje publicado en The New Yorker: “Fue muy útil para mí aprovecharse de mis desventajas por ser joven y no muy conocedor de Cuba y solo decía, bueno, yo no había nacido cuando la mitad de las cosas que ustedes describen pasaron.” La mitad de las cosas de las que habló Rhodes es el capítulo cubano de la Guerra Fría y sus partes sobrevivientes.

¿Cuánto de ese desconocimiento conveniente habrá encontrado sitio en el discurso de La Habana? Obama definiendo la dualidad monetaria como una especie de apartheid económico ¿no nos da una señal de algo?

El mejor seguro para la continuidad inmediata del acercamiento con Cuba está escrito en los contratos, acuerdos y memorándums  que regulan el interés económico y de seguridad mutua. Para congelar por uno o dos mandatos las movidas que Obama pretendía en su hermoso discurso, Trump solo necesita un tweet fulminante.

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