El compañero Islam Karimov


¿Has escuchado hablar de Islam Karimov?

Probablemente no. Islam Karimov era el Primer Secretario del Partido en la república soviética de Uzbekistán cuando la URSS implosionó. Como otros tantos líderes regionales del país que vio desaparecer, Islam Karimov se mantuvo en el poder, cambiando el título de Primer Secretario por el de Presidente. Así de fuerte era y es el Partido (el de verdad) en las ruinas cubiertas de musgo de la Unión Soviética.

Islam Karimov permaneció en el cargo unos 25 años, algo muy soviético de su parte, dirían algunos. Acaba de morir, y sus gobernados uzbekos se les presenta la incertidumbre política es la forma de un ataúd cubierto con una bandera. “¿Y ahora quién?” se deben estar preguntando.

Según Reuters, Islam Karimov también mantuvo el orden y la estabilidad en su feudo pos soviético durante su cuarto de siglo: un mérito que puede parecer poca cosa si se desconoce que la musulmana Uzbekistán colinda con la volátil Afganistán y sus persistentes talibanes.

Pues Islam Karimov se murió. Él y su país son noticia. La prensa internacional describe Uzbekistán: sus 30 millones de habitantes, sus minas de oro y uranio, sus yacimientos de gas natural, sus 400 mil kilómetros cuadrados en Asia Central, ese pedazo de tierra cuya influencia, dicen, se disputan Rusia, China y, no podía faltar, los Estados Unidos.

Revisen el mapa de abajo. Uzbekistán tiene fronteras con Afganistán. A los uzbekos siempre les ha tocado conquistadores de calidad: hasta Alejandro Magno y Genghis Khan se llegaron por allí.

Islam Karimov no dejó un sucesor o un sistema político engranado para sacar un sustituto de alguna vicepresidencia. Al frente queda, por unos meses, el jefe del Senado…hasta que haya elecciones. Mientras, hay inquietud, en las cancillerías y las redacciones periodísticas a las que les importa Uzbekistán. Pero la élite política de Uzbekistán si sabe quién viene. El Partido, dirían algunos.

Barack Obama envió una nota de condolencias diciendo que Estados Unidos acompaña a Uzbekistán al abrirse una nueva página en su historia. Y para no perderse tal acontecimiento, el primer ministro ruso Dimiti Medvedev despegó de Moscú y se apareció en el funeral de Islam Karimov.

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