Siete

Pleno del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba. Foto de Ismael Francisco.

El primer vicepresidente Miguel Díaz-Canel, el ministro de Economía Marino Murillo y el jefe de la Asamblea Nacional, Esteban Lazo, encabezaron tres de las cuatro comisiones del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba en los dos primeros días de sus sesiones. La cuarta comisión estuvo dirigida por Salvador Valdés Mesa, vicepresidente del Consejo de Estado.

La moderación de estas discusiones quedó a cargo de figuras pertenecientes a distintas generaciones del actual liderazgo cubano. Todos miembros del Buró Político, aunque no de la dirección histórica de la Revolución cubana.

Las deliberaciones partieron de las ideas y críticas mencionadas en el Informe Central, el discurso pronunciado por el presidente cubano Raúl Castro (también Primer Secretario del Partido), quien “con toda crudeza” y con algunos momentos de humor, hizo una evaluación extensa de los resultados y el ritmo aplicado a la actualización del socialismo criollo, advirtiendo obstáculos en las reformas económicas y proponiendo cambios en la política interna del Partido y del país.

El Buró Político del PCC. En el podio, el primer vicepresidente Miguel Díaz-Canel.

La prensa nacional cubana ha mantenido una cobertura detallada de las sesiones del Congreso, mencionando puntos controversiales como el cuestionamiento por dos delegados a las restricciones contra la concentración de la riqueza por parte de los cuentapropistas, así como las palabras del ministro de Relaciones Exteriores Bruno Rodríguez, comentando cómo “con la visita de Obama se produjo un ataque a fondo a nuestra concepción política, a nuestra historia, a nuestra cultura y a nuestros símbolos.”

La comisión presidida por Marino Murillo actualizó los Lineamientos, la guía económica que en 2011 dio inicio a los cambios, arrancando el principio de la unificación monetaria, pasando por la apertura a la inversión extranjera (incluso para cubanoamericanos y corporaciones estadounidenses) hasta la expansión del sector privado, en la aparición de pequeñas y medianas empresas, como reconoció el propio Raúl Castro en la apertura del Congreso. El documento, junto a una Conceptualización del socialismo cubano aún por terminar y un Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030, pone sobre el papel las directrices centrales del futuro de la isla.

La propiedad privada en Cuba y sus cuentapropistas entraron en debate como uno de los temas más discutidos, en un aura positiva, completamente integrados en los planes del proyecto socialista y libres de cualquier prejuicio originado por los pronunciamientos desde el interior del gobierno de Estados Unidos, proyectando a los emprendedadores cubanos como agentes de cambio.

En el tercer día del Congreso, Díaz-Canel presentó el proyecto de resolución final de la reunión ante el pleno del cónclave partidista, incluyéndose el límite de edades máximas propuesto por el presidente cubano para los cargos de la máxima dirección del país.

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