El Obamista

Barack Obama en la portada de la revista The Atlantic.

El Presidente de los Estados Unidos viene a la capital de Cuba y los habaneros comunes, esos que viven de la libreta, el paquete y Multivisión, esperan el fabuloso transcurso de un evento tan curioso como ver por Cubavisión a Barack Obama andando a pie por la Plaza de Armas sin una invasión de por medio.

POTUS hace una entrada triunfal por las avenidas de la normalización con banda sonora de los Rolling Stones, en dirección a una de las tribunas más visibles de la isla: un terreno de pelota. Béisbol. Baseball. Se pronuncia igual.

En este desfile, el obamista no es quien se siente en un contén a esperar el paso de la Bestia como si fuera una carroza de carnaval, ese individuo cuyo background sobre la reconciliación entre Cuba y Estados Unidos puede limitarse a la conversación vecinal o el excelente editorial que Granma publicó dándole la bienvenida al mandatario estadounidense.

Tampoco es el optimista que espera del norte un profeta sobre la colina, el mismo hombre que se conformará con el status quo cuando le toque su cuota de beneficios vía Lineamientos.

Entonces, ¿quién es el obamista? ¿Dónde se encuentra? ¿Qué sitio ocupa entre la escalerilla del Aeropuerto y las puertas del Palacio de la Revolución? Y lo más importante, ¿qué harán con él los creadores del  término?

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