Desbloquear es cosa de Obama

Penny Pritzker vino con más preguntas que respuestas…y unas cuantas sugerencias muy a tono con el cambio de actitud de la Administración Obama. La Secretaria de Comercio de Estados Unidos afirmó que las recientes flexibilizaciones al bloqueo, decretadas en parte desde su oficina y por el Departamento del Tesoro, tendrían un mayor alcance si Cuba reajusta su economía para aprovecharlas mejor.

O sea, sacar beneficios del nuevo contexto es problema de los ministerios de La Habana, un deber  que se sumaría a la lista de tareas y dificultades que encara una economía imposibilitada de utilizar el dólar en sus transacciones internacionales, ni siquiera al comprar productos agrícolas en el mismo país que mantiene esa prohibición.

El mensaje de ‘lavarse las manos’ ante el bloqueo es casi reciente. El presidente Barak Obama lo adelantó durante una ronda empresarial, unos días de que su gobierno actualizará algunas regulaciones relacionadas con las sanciones a Cuba, una puesta al día con intenciones incluidas: “Estamos creando el ambiente en el que un cambio generacional y una transición puedan ocurrir en ese país.”

“Por ahora, hemos dicho que iremos paso por paso en busca de áreas y oportunidades dentro de nuestra autoridad” comentó acerca de sus prerrogativas para modificar la mayor parte de los aspectos del bloqueo. “Mientras el Congreso mantenga el embargo, hay ciertas cosas que no podemos hacer. Pero hay algunas que sí, por ejemplo, en las telecomunicaciones y vamos a buscar oportunidades allí.”

El camino más corto entre el presente y un levantamiento parcial de esa política de castigo económico pasa por el buró de Obama. El modus operandi de este presidente es ignorar la voluntad del actual Congreso y legislar por decreto en los asuntos donde sus facultades constitucionales le permiten actuar en solitario.

Decir que el bloqueo es un asunto de dos, donde Cuba tiene que ofrecer concesiones a cambio de más avances del otro lado, indica poco conocimiento del problema o una omisión de mala fe. No se trata de un engranaje doble donde cada parte debe trabajar para derrumbar el muro. Tampoco se trata de que el peso del muro le caiga encima a uno de los lados tras su destrucción, como espera Hillary Clinton.

Parece que, a corto plazo, el desmantelamiento con órdenes ejecutivas del principal obstáculo para la normalización, dependerá de las interpretaciones que se hagan en Washington acerca de la toma de decisiones en la economía cercada por las restricciones implementadas desde los departamentos federales ubicados en esa misma capital.

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