Los ojos dentro de la disidencia cubana

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Una muy sospechosa bloguera se infiltra en el Congreso de los Estados Unidos en compañía de congresistas cubanoamericanos de La Florida. Foto de archivo tomada de la página de Facebook de Joe García, quien ya no es miembro de la Cámara de Representantes.

Imaginemos lo siguiente. Después de que el Papa despegó de Santiago, unos cuantos de los más importantes disidentes de Cuba se encerraron en la intimidad de su hogar (o de una oficina) para presentar sus informes a la Seguridad de Estado. Por escrito o verbalmente, serían algunos de los mismos personajes que se quejaron porque Francisco los había ignorado para irse a intercambiar libros con Fidel.

Decir que la oposición inflada desde afuera funciona como un subdepartamento del Ministerio del Interior no es un secreto para nadie. Vean las Razones de Cuba. El único misterio es finalmente aclarar si todos están en la plantilla del G-2.

Imaginemos a la agente Blanca (Bertha Soler) reportando a su oficial operativo los detalles del susto que le dio a la Gendarmería Vaticana cuando se abalanzó como una demente sobre el papamóvil. O a Yoani Sánchez, coordinando los mensajes de su cuenta en Twitter y la cobertura de 14 y medio con un equipo de comunicación de la Contrainteligencia.

La única libre de sospechas es Rosa María Paya, tan consistente en lo que dice y con proyectos demasiado inocentes y carentes de perspectiva. Además, emigró, una iniciativa que le concede un margen de credibilidad. Pero a su lado deben haber dos o tres asiduos visitantes de las casas de contacto, empezando por el internacionalista Eliécer Ávila, quien hace poco se estrenó como observador electoral en Guatemala, algo que seguro aprendió de pionero, cuando custodiaba urnas en los comicios del Poder Popular

A su manera, Cristina Fernández de Kirchner tenía razón cuando dijo sentir la mirada del Che desde lo alto de la Plaza.

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