Reabrir la embajada…y empezar en cero

Así se veía en los años cincuenta la Embajada de los Estados Unidos en Cuba. Foto tomada del Facebook de ese centro diplomático.

La primera vez que Cuba y Estados Unidos establecieron relaciones diplomáticas, los cubanos negociaron el asunto en una situación muy desfavorable. Quien lo dude, que explique por qué la Base Naval de Guantánamo sigue en su lugar, después de la Crisis de los Misiles, el Período Especial y del apretón de manos entre Barack Obama y Raúl Castro.

Los primeros predecesores de Josefina Vidal en las conversaciones con Estados Unidos tuvieron que ceder ante todo lo que le pedían. Decirle ‘no’ en la cara a Roberta Jacobson (en el tono cortés y con el vocabulario preciso de los diplomáticos profesionales) es un privilegio que no conocieron los hombres que redactaron la Constitución cubana de 1901, a quienes se les presentó la Enmienda Platt y todo su contenido como un ultimátum, entregado por el general norteamericano John R. Brooke, que por entonces gobernaba el país.

En el presente, la Oficina de Historiador del Departamento de Estado reconoce que “EE.UU. presionó a los cubanos para incorporaran los términos de la Enmienda Platt en la Constitución cubana” en contra la voluntad de sus redactores, porque “comprendían que la Enmienda limitaba significativamente la soberanía cubana.”

En 2015, el Palacio de la Revolución y Casa Blanca pactaron el restablecimiento de las relaciones, después de un proceso de negociaciones, donde cada parte hablaba abiertamente de sus profundos desacuerdos. Si algo parecido hubiese ocurrido a principios del siglo XX, probablemente no hubiese nacido la República de Cuba, como el general Brooke advirtió en su momento a los constituyentes, que terminaron cortando y pegando el contenido de la Enmienda Platt en la carta magna que estaban escribiendo.

Por eso, el gobierno de Raúl Castro tiene más de un motivo para decirle a la isla y al mundo cómo se están colocando los primeros cimentos de algo inédito. La premisa de la excepcionalidad de la restauración diplomática viene explícita en la declaración emitida en ocasión de la restablecimiento de los vínculos formales con Washington: “habrá que construir las bases de unos vínculos que no han existido entre nuestros países en toda su historia, en particular, desde la intervención militar de los Estados Unidos, hace 117 años.”

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