Cruzar el Danubio por una embajada

Representación ilustrada de un puente romano sobre el río Danubio.

El reloj marca las diez de la mañana y la secretaria asistente entra en la sala 419. Faltan veintitrés horas para que empiece su verdadero trabajo; el asunto que la ocupa a esa hora es una formalidad: una audiencia parlamentaria. Trae una declaración escrita, no muy diferente a la que llevo a ese mismo sitio tres meses atrás.

Si hay algo nuevo en su testimonio, son los resultados, los logros de horas de conversación en inglés y español. Mira hacia el frente, saluda, da las gracias por el interés por su labor y lee en voz alta, con la mirada fija en los papeles, levantando los ojos solo en ocasiones, en dirección al senador Bob Corker, presidente del Comité de Relaciones Exteriores.

El día anterior, su departamento había ofrecido explicaciones más detalladas, por teléfono y bajo condición de anonimato. Una sesión de preguntas y respuestas para la prensa. Escuchaban la conversación personal de The Washington Post, The New York Times, cadenas de televisión, etcétera.

“El Presidente Castro criticó a la Sección de Intereses porque proveen algún tipo de programas para periodistas independientes” les dijo la reportera de un diario de Miami.

“No pienso que sea un secreto para nadie que al gobierno cubano no le gustan los programas de democracia que tenemos. Hemos dicho que continuaremos solicitando fondos para ellos” responde la persona a cargo de las respuestas.

A partir de ese momento, las interrogantes inquieren acerca de las actividades extra diplomáticas de los funcionarios norteamericanos de la Sección de Intereses en La Habana. El miembro de una agencia de noticias dice sentir curiosidad por lo que el gobierno de Estados Unidos considera “técnicas básicas del periodismo.”

Diez de la mañana del 20 de mayo de 2015. Faltaban entonces veintitrés horas para que los cubanos, con Josefina Vidal al frente, entren al Departamento de Estado para preguntarle otra vez a Roberta Jacobson por esos mismos programas, para discutir el funcionamiento de las futuras embajadas y el correcto comportamiento de su personal. Todos los presentes están desempolvando lo que aprendieron en las clases de Derecho Internacional.

Antes de empezar, la ronda de conversaciones entre las delegaciones de Cuba y Estados Unidos tiene la apariencia de un debate teórico sobre la Convención de Viena, el tratado internacional vigente desde 1961 y firmado en esa ciudad austriaca, ubicada a orillas del río Danubio. Sus artículos regula las relaciones diplomáticas entre los Estados.

“En ninguna de las funciones recogidas en la Convención dice que las embajadas son centros pedagógicos” dijo con ironía Gustavo Machín, subdirector general de Estados Unidos del ministerio cubano de exteriores, en una fecha anterior al viaje a Washington de su superior inmediata. Sus contrapartes en Washington lo ven de una forma distinta.

“Hemos discutido dentro del contexto de nuestras interpretaciones de esas convenciones” dice el misterioso alto funcionario (o funcionaria) del Departamento de Estado durante la teleconferencia, dejando el asunto en una divergencia de opiniones.

Otra pregunta. Nuevamente las palabras de Raúl Castro. “Para él, nombrar los embajadores será como un acercamiento, pero para una completa normalización de las relaciones, Guantánamo debe ser devuelto y el embargo levantado.”

Última respuesta del día. “El Presidente Castro tiene razón al decir que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas es el primer paso; el nombramiento de embajadores vendría después” contesta el diplomático anónimo, recordando que ya Obama pidió terminar con las sanciones económicas. “Es cierto que las relaciones completamente normales no incluyen un embargo económico.”

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Roberta Jacobson durante la audiencia.

Roberta Jacobson, Secretaria Asistente de Estado para el Hemisferio Occidental, dijo algo similar en su última audiencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, frente a una parte de los legisladores que tienen voz y voto en el asunto.

“Cambios integrales en nuestra relación económica requerirá acción del Congreso para levantar el embargo. El Presidente ha instado al Congreso a iniciar ese esfuerzo. Mientras tanto, estamos utilizando las herramientas de política disponibles para promover una Cuba próspera, democrática y estable”.

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